jueves, 15 de octubre de 2015

Reflexión ética: el dilema alrededor de la tauromaquia

En el tema del maltrato animal encontramos muchos conflictos importantes en cuanto a la relación entre los animales humano y los no humanos, el más grave es el de la ganadería intensiva, de gran complejidad por las necesidades a nivel alimenticio y de investigación que se presentan desde muchos sectores. La tauromaquia por otra parte es un tema mucho menos complejo, se trata de una tradición innecesaria para cualquier necesidad básica de la sociedad. El sufrimiento causado al animal es injustificado, perfectamente prescindible y fácilmente evitable. Es importante tener una visión clara de la biología del toro, en contra de lo que afirman muchos defensores de la tauromaquia el toro de lidia es parte de la misma especie a la que pertenece los otros toros, los bueyes y las vacas, animales que no se encuentran en peligro de extinción y han demostrado ser capaces de sobrevivir en estado salvaje. Por otra parte se calcula que hay 1400 millones de toros de lidia, por lo que la afirmación según la cual el toro de lidia se encuentra en peligro de extinción no tiene justificación. Sería preferible introducir al toro a los devenires de la selección natural, una vez se prohibiera la tauromaquia estos bovinos podrían ser reintroducidos a la naturaleza para vivir una vida en estado salvaje, como ya lo hacen sus primos el bisonte y el búfalo. 


Otros aspectos a tener en cuenta en la argumentación pro-tauromaquia son el aval de esta como tradición y de igual forma renegar de la anti-tauromaquia en existencia de otras formas más graves de maltrato. Frente a estos argumentos existe una misma respuesta, no son justificación a favor de la tauromaquia, la tradición no es defensa moral de ningún comportamiento y de igual forma otras formas de maltrato. Son varias las formas de crueldad con las que debemos acabar, la tauromaquia es una de ella. Por otra parte no se puede negar la posibilidad de progreso a la cultura como se hace cuando se eleva su condición a la de argumento moral. Respecto al sufrimiento del toro, negado por muchos practicantes y admiradores de esta práctica, basta decir que lo toros son incluso usados como conejillos de indias para experimentos sobre el dolor, sabiendo que las estructuras neuronales de su diencéfalo y de su sistema límbico son similares a las nuestras. Sin embargo algunos defienden que los toros viven una buena vida hasta el momento de su muerte, y si se analiza el estado en que viven muchos animales en la ganadería, especialmente aquellos que viven en campos intensivos de concentración. Respecto a este escenario es necesario mejorar las condiciones de vida de las vacas lecheras. Los toros podrían vivir en las dehesas, convertidas en reservas naturales, donde podrían convivir con otras especies, incluso con lobos que cumplirían la función de estabilizar el tamaño de la población.

Sobre las consecuencias económicas que tendría la abolición se hablará más adelante, pero habiendo otras formas de trabajar sin tener que torturar un animal no se hace necesario acudir a la tauromaquia como pilar económico. Se debería abrir escuelas de reconversión laboral para toreros y picadores de forma que puedan encontrar trabajo y reducir el impacto por las nuevas reglas del juego. Otro argumento común es el que se ubica en contra de la prohibición, argumentando que esta práctica viola el derecho a practicar y disfrutar de un espectáculo. Sin embargo hay que remarcar que la libertad no puede ser excusa para cometer crueldades, la libertad en sociedad parte de la convivencia y el respeto por el otro, hacer lo que se quiera pero sin interferir con terceros.

Es importante que llegados a este punto se rescate la distinción entre dos tipos de posiciones respecto a este tema, y es que frente a la defensa de los animales hay diferentes enfoques y posturas, unas más radicales que otras. Por un lado están los movimientos defensores de los animales que reclaman un mejor trato y una consideración al maltrato que sufre el animal, en general se trata de una postura utilitarista que reniega de cualquier forma de maltrato contra los animales que no se encuentre justificada por algún fin utilitario significativo (investigación alimentación). En una posición más extremistas están los movimientos de liberación animal, estos son de carácter anti-especista e igualitario, no solo reclama un mejor trato sino la abolición de toda forma de maltrato a los animales, sin ningún tipo de matices utilitaristas, oponiéndose así al antropocentrismo. Este segundo enfoque podríamos clasificarlo como deontológico, afirmando la existencia de un deber con los animales que se encuentran más allá de las consecuencias. Sin embargo, desde mi punto de vista, más cercano al enfoque utilitarista, el maltrato animal podría estar justificado para unos pocos casos donde un elevado beneficio lo justifique (en general con propósitos de investigación y alimentación). Esto partiendo de una defensa de un cierto especismo justificado por una capacidad intelectual y de reflexión moral de la que carecen otras especies. Sin embargo es importante remarcar que esta diferenciación no justifica formas de maltrato innecesario a una criatura como el toro con la que seguimos compartiendo muchas similitudes. 


El caso de la tauromaquia en Bogotá



Frente al caso concreto de la ciudad la naturaleza de los argumentos no varía mucho. La tauromaquia es casi tan antigua como la conquista de nuestro territorio por parte de los españoles, Colombia en general (y su capital en particular) han vivido la fiesta brava como un elemento de gran arraigo cultural dentro de la comunidad. Sin embargo la situación ha cambiado con el tiempo, a partir de los 90 movimientos defensores de los derechos animales han protestado en contra de esta tradición, la asistencia a los eventos ha caído en picada. Desde 2012 con la prohibición de la corridas de toros en la capital por parte del alcalde se abrió con más fuerza el debate entre el derecho de los empresarios y toreros a realizar su espectáculo y de los toros a no ser torturados.

¿Está justificado detener una actividad que genera más de 15000 empleos y beneficios por 1300 millones al distrito? En realidad la cifra citada no corresponde ni al 0.1% del presupuesto de la capital, por lo cual la cifra no sería un sacrificio significativo. En cuanto al empleo muchas de las personas perjudicadas podrían ingresar al mercado laboral para ofrecer un servicio real a la comunidad. Una alternativa estaría en la eliminación de los aspectos de tortura y muerte en el toreo, sin embargo este tipo de propuestas no han sido aceptadas por los defensores de la tauromaquia,, de modo que todo se reduce a prohibirlo o no, en cuyo caso debería prevalecer la compasión por los animales.





Bibliografía














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